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CAMPO DEL CIELO Y LA ESTRELLA DE BELÉN

Campo del Cielo (en los idiomas aborígenes: toba: Pingüen N'onaxa o Pingüen Nunralta; wichi: Otumpa) es una vasta llanura de grandes zonas boscosas y extensas abras, muchas de ellas de buenas tierras labrantías, situada entre los paralelos 27 y 28 Sur, que abarca una gran superficie de las provincias argentinas de Santiago del Estero y Chaco.

 

Mapa de la provincia del Chaco en el que se resalta en rojo el área estimada que sufrió el impacto con parte en la Pcia. de Santiago del Estero, y en la que se encontraron cráteres y fragmentos.

 

El meteorito El Chaco es en la actualidad el segundo meteorito más pesado conocido, con 37.000 kg. El primero es el meteorito Hoba, de aproximadamente 60.000 kg, hallado en Namibia.

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    Mucho se ha escrito ya sobre este fenómeno que, en edades remotas asoló calcinando una gran extensión de la llanura chaqueña, que comprende una gran zona de la provincia de Santiago del Estero, y una gran franja angular de la provincia del Chaco con proyección hacia el Nor Este, estimándose que en total alcanza los 150 Kms. de largo, pero que tuvo su epicentro en el paraje denominado "LAS VÍBORAS" (hay muchos reptiles), distante unos 16 Kms. al Sur de la localidad chaqueña de Gancedo y allí, en poco más de 4 Kms. de diámetro, se han localizado 22 cráteres que aún contienen importantes meteoritos a regular profundidad.

    En esa zona crítica hay dos cráteres que impresionan particularmente por sus dimensiones y características: El denominado "LA CAÑADA" por su forma alargada en proyección Sud Oeste a Nor Este, con profundidad repentina al Sud Oeste y allanándose en una pendiente suave hacia el Nor Este, cuya longitud será de unos cien metros y un ancho de unos 30 ms., en el que pareciera que el meteorito que lo produjo hubiera pegado de "rafa" en un ángulo muy inclinado y a gran velocidad, que lo habría calentado a elevadísima temperatura en roce con la atmósfera, quizás cerca de la fusión/caldo, y se habría esparcido en porciones de variados tamaños de masa ígnea, no quedando masa incrustada en el suelo.

    El autor se inclina a creer que tal cráter haya sido el impacto del legendario "MESÓN DE FIERRO", que habría dado un rebote de unos 70 Kms. para caer en donde se supone que estaría, pues trazando una recta por el eje de dicho cráter da justo en aquella posición.

    El otro cráter a que se hace referencia es el llamado "RUBÍN DE CÉLIS", que es el que mejor se conserva de todos; su boca tiene un diámetro de 64 ms. y tiene una profundidad de 7 ms.; en su cuenco han crecido robustos quebrachos colorados y blancos, plantas de muy lento crecimiento que están evidenciando la antigua edad de su origen. El geofísico norteamericano Dr. William A. Cassidy, que estudió este cráter con detectores de alta fidelidad sin encontrar meteoritos incrustados en profundidad, estimó que el que lo produjo habría sido acelerado por la explosión en la alta atmósfera del asteroide originario, y el impacto se habría dado en caída vertical y a una velocidad muy alta que lo habría calentado a elevadísima temperatura, y se habría esparcido en pequeñas chispas que en su mayoría se habría consumido.

    De los muchos que se ocuparon de escribir sobre el tema, según la opinión de estudiosos, habría sido el santiagueño de ilustre memoria Dr. Antenor Álvarez, el que escribió la obra más completa sobre esta materia, obra de única edición por el año 1926; ya hace mucho agotada y de la que es difícil conseguir algún ejemplar.

    Gracilazo de la Vega, insigne escritor hispanoamericano de ascendencia incaica por la madre, en sus "MEMORIAS REALES DE LA ÉPOCA PRE-HISPÁNICA", hace mención a este fenómeno de Campo del Cielo con la siguiente referencia: "ALREDEDOR DEL SIGLO VII DE NUESTRA ERA, CUANDO LOS EMBAJADORES DE TUCA (después Tucman y los españoles llamaron Tucumán), FUERON A RENDIR VASALLAJE AL INCA VIRACOCHA QUE ESTABA EN EL COLLA SUYO, YA LE INFORMARON DE LA ESTRELLA QUE, COMO UNA GRAN BOLA DE FUEGO HABÍA CAÍDO DEL CIELO EN LA REGIÓN  DE SU INFLUENCIA". Es decir, que los naturales ya conocían este fenómeno como hecho pretérito, hace ahora cerca de los mil trescientos años.

    La leyenda, el mito, la tradición oral transmitida de generación a generaciones sucesivas, amplían aquella referencia dando cuenta de que, una masa de hierro de grandes proporciones, ubicada entre montes y pastizales en el "PIGUÉN NONRALTÁ", o "HATUM PAMPA", o "INTI PAMPA" (según las lenguas de las parcialidades indígenas), pero todas significando "CAMPO DEL CIELO", próximo a un abrevadero o pozo de agua que los naturales llamaban el "PIGUÉN NOLLIRÉ", era objeto de ferviente adoración de las naciones indígenas sudamericanas, que consideraban a aquella masa férrica de superficie plana y brillante, un mensaje del Dios Sol, en donde se hacía presente a sus fieles adoradores al despuntar la luz solar de un sólo día de verano, y por breve momento en el que, según la leyenda, el hierro destellaba con fulgores maravillosos, e irisaciones radiosas que formaban un árbol fulgurante, "EL HUCLE DE HIERRO" lo llamaban, y los aires y los bosques entonaban sinfonías celestiales acompañando a tan portentoso misterio en el que el Dios se comunicaba con sus adoradores, recibiendo súplicas y otorgando mercedes. Este culto habría sido, según la leyenda, motivo de largas peregrinaciones desde remotas comarcas del Imperio Incaico, y de todas las parcialidades indígenas de Sud América, que en largos días de marcha por angostos senderos, entre espinudos bosques y enredados pastizales, arriesgándose al acecho de animales feroces que abundaban en los dilatados campos, venían hasta el macizo de hierro a satisfacer esa necesidad religiosa que es innata en el hombre de todos los tiempos, la de rendir adoración a su Dios Creador.

    Los conquistadores españoles se hicieron pronto eco de tal leyenda y, por noticias de los indios meleros que habitaban las márgenes del río Salado, y en épocas del año propicias hacían frecuentes incursiones a las vastas llanuras del Gran Chaco Gualamba en su oficio de buscar miel, supieron de la ubicación de esa masa férrica, y en el año 1576 se destacó una expedición al mando de Don Hernán Mejias de Miraval, teniendo como segundo al técnico serrero Don José Carmona, y guiados por los dichos indios meleros llegaron al lugar y reconocieron al macizo de hierro, al que calificaron de "un gran promontorio como un cerro pequeño", y calcularon su peso en más de 25.000 Kilogramos.

    Muchas otras expediciones se destacaron a partir de entonces, algunas militares y otras de particulares a los que seducía el espíritu de aventura y quizás también la codicia, pues que se relacionaba al ejemplar férrico visible con la existencia sospechada de otros minerales preciosos a escasa profundidad en el subsuelo. Entre otras expediciones merecen mencionarse por la mayor abundancia de referencias, las llevadas a cabo por Don José Antonio de Narváez a principios del siglo XVII, y otra cumplida tiempo después por el hacendado Don Bartolomé Francisco Maguna.

    Pasó cierto tiempo en que el asunto quedó olvidado, al menos oficialmente por la autoridades de la conquista hispana, quizás por el peligro que significaba desafiar la hostilidad de los aborígenes, revelados por entonces contra el sistema colonial de la encomienda, considerada por ellos afrentoso a su concepto de la libertad; hasta que en el año 1779; el Sargento Mayor Don Francisco de Ibarra recibió orden superior de acometer una expedición orientada al reconocimiento del tal mentado macizo de fierro, y extraer de él algunas muestras. Organizóse la expedición con 25 hombres en total, entre jefes, guías y hombres de armas, y partieron desde las márgenes del río Salado a la altura de Añatuya, el 24 de julio de dicho año 1779; con dirección hacia el naciente. Llevaban provisiones, útiles y agua, ésta en odres o pellejos de terneras, todo sobre mulas rocinas, según se calculó era suficiente para la travesía. Llevó el diario de la expedición Don Melchor Miguel Costas por cuyo relato, extraídos de libro "EXPEDICIÓN AL CHACO AUSTRAL" (edición de 1882) de Ángel Justiniano Carranza, sabemos de referencias a accidentes topográficos y distancias recorridas por la expedición, como así la orientación de los tramos recorridos hasta llegar al "fierro".

    La mayor parte de las referencias anotadas corresponden a accidentes no perdurables como ser: "Un abra o pampa", "una isleta", "un gran árbol seco", "un árbol caído", etc., pero hay referencias de tres accidentes de la topografía que pueden suponerse perdurables cuando dice: "AL AMANECER VIMOS AL NACIENTE UNOS ALTOS CON MONTES QUE CORREN DE SUR A NORTE, POR CUYA ES LA VUELTA QUE DA EL CAMINO" y. tras computar 21.600 metros de marcha hacia el naciente (la crónica lo da en leguas argentinas de 5.000 varas, o sea 4.179,5 ms.), dice: "LLEGAMOS A UNA GRAN HONDONADA QUE LLAMAN EL POZO DEL CIELO, QUE DICEN DUELE TENER MUCHA AGUA, MÁS NO TENIA NINGUNA POR SER UN AÑO DE MUCHA SECA, Y VIMOS CERCA CUATRO CRUCES POR CUATRO MELEROS MUERTOS POR LOS SALVAJES HACÍA YA DOS AÑOS, QUE LUEGO FUERON SEPULTADOS POR OTROS COMPAÑEROS". Después de llegar al "fierro" tras computar 41.200 ms. desde el supuesto POZO DEL CIELO, la crónica dice: "HACIA EL NACIENTE SE ENCONTRÓ UNA AGUADITA MANANTIAL, SALOBRE PERO POTABLE, DE LA QUE SE LLENARON DE AGUA LOS CHIFLES Y CUANTO RECIPIENTE HABÍA APTO, PARA LA TRAVESÍA DE REGRESO, PUES QUE LOS ODRES SE HABÍAN PODRIDO Y NO SERVÍA EL AGUA CONTENIDA QUE NI LAS BESTIAS LA BEBÍAN". Comparando la distancia y las referencias apuntadas, los Amigos de Aerolitos Chaqueños llegamos a la conclusión de que el extraviado "MESÓN DE FIERRO" tiene que estar en una zona boscosa próxima a la "Laguna de Rico", que sería un cráter meteorítico y dista unos tres Kms. al Nor Este de la aldea rural MESÓN DE FIERRO, que con tal nombre figura en algunas cartografías, pues mas o menos al naciente de aquella se encuentra la "Laguna de la Virgen", que sería otro cráter meteorítico, llamada así por la misteriosa aparición de una pequeña estatuilla de la Virgen Morena, encontrada al pié de un quebracho colorado en 1911 por hacheros de la estancia del Dr. Kade. Esa laguna dicen que antes no se secaba nunca, y sería la "aguadita manantial salobre pero potable" mencionada en la crónica, y podría ser también el "PIGUÉN NOLLIRÉ" referido en las leyendas y tradiciones de los indígenas, pues a su vera se han encontrado restos de cacharros de cerámica de ornamentación muy fina, como de culturas bastante evolucionadas; algunas piezas parecerían ser amuletos, a los que por 1969 los profesores de historia, señores José Miranda Borelli y Marcos Antonio Altamirano, les dedicaron un artículo que publicó el diario EL TERRITORIO de Resistencia y, evaluando la profundidad de los estratos en que se hallaron ésas cerámicas, estimaron su origen en alrededor de los mil años. Es otro dato curiosamente coincidente, el que desde la Laguna de Rico hasta la Laguna del Antiguo Fortín Capdevila o Tanigó que queda al poniente, hay mas o menos 42 Kms. en línea recta. El antiguo Fortín Capdevila, cuyas ruinas son muy poco conocidas siendo un importante jalón de la civilización del Chaco y de la conquista del desierto, se encuentra en un campo que en el año 1969 ocupaba un criollo de apellido GALLO, distante unos tres Kms. hacia el Oeste del paso a nivel Norte de la Estación ITÍN en la línea del Ferrocarril de Tostado a General Pinedo.

    Los "altos con montes que corren de Sur a Norte...", serían una elevación bastante pronunciada que parte de la zona de "EL PORONGAL" a 17 Kms. hacia el Oeste de la localidad de HERMOSO CAMPO, cruza hacia el Norte la antigua Estancia de Valentai, y se allana hacia el Nor Este en los campos de Tanigó.

    La expedición de referencia llegó al río Salado en viaje de regreso, el 1° de agosto de 1779; con un recorrido desde el MESÓN DE FIERRO, de 68 leguas argentinas.

    Cuatro años después de la expedición precedentemente comentada, por mandato dejado por el Virrey Don Pedro de Cevallos y disposición del entonces Virrey Don Juan José de Vértiz y Salcedo, se envió una nueva expedición, esta vez lo mejor organizada posible y con los elementos necesarios para fundar población en el caso de que lo visto fuera la afloración de un yacimiento de abundante material útil y explotable, desdeñando según parece, la información de los indígenas de que eso había caído del cielo.

    Al mando de esa expedición se puso al Teniente de Fragata y CABALLERO DE LA ORDEN DE SANTIAGO, Don Miguel Rubín de Célis, y como segundo a cargo del diario de la expedición, al Ingeniero Don Pedro Antonio de Cerviño, quien además tomaría un mapa del itinerario desde la partida  a orillas del río Salado a la altura de Suncho Corral, hasta el lugar del "GRANDE FIERRO!, y dibujó al dicho fierro tomando sus dimensiones y calculando su peso en 45.000 Kgs. La expedición se cumplió en febrero de 1783 y hay referencias de que la integraban 200 hombres, y que disponían de carretas para el transporte de los bastimentos, mulas de carga y caballería, y entre los útiles y herramientas llevaban 70 cinceles de temple duro, que se rompieron todos para extraer tan sólo unas 30 libras, tal era la dureza del metal.

    A lo que hizo esta expedición hay que culpar de que la civilización perdiera la noción del lugar de ubicación exacta de esa legendaria masa férrica, pues obsesionados con la idea de que aquello sería el crestón de un yacimiento de ricos metales, buscaron excavando a su alrededor y en profundidad el arraigo de la esperada mina, así habrían abierto un gran foso hasta por debajo del macizo de hierro hasta hacerle perder estabilidad y, según lo dice el mismo Rubín de Célis en un escrito tres años después, "SE LE DIO MEDIA VUELTA CON PALANCAS", con lo cual el macizo de hierro habrá caído al foso previamente abierto. Finalmente y para reconocer aún mayor profundidad en el terreno, dice Rubín de Célis en el mismo escrito, "CONSTRUÍ DOS HORNILLOS QUE VOLÉ, Y VI QUE NO HABÍA EL ESPERADO ARRAIGO DEL MINERAL, Y QUE EL TERRENO ERA IGUAL AL DE TODOS AQUELLOS CAMPOS Y AL DE DOS POZOS QUE HICE ABRIR A DISTANCIAS DE 70 Ó 100 METROS EN DIRECCIÓN ESTE OESTE". Como entonces aún no se conocía la dinamita, debe entenderse que los "HORNILLOS" debieron cargarse con pólvora y, aunque él no dijo nada al respecto en ese escrito que hizo en 1786 informando a la Sociedad o Academia Real de Londres, debe deducirse que con la tierra desplazada por la explosión, el hierro quedaría tapado; después la erosión y probablemente los aborígenes, que habían visto profanado ignominiosamente el objeto de su culto, procurarían allanar la tierra consiguiendo disimularlo a la vista de caminante de modo que fuera muy difícil encontrarlo, pues ya a 1803 Gerónimo Castellanos y Diego Bravo de Rueda no lograron dar con él, auque sí encontraron otro, algo más al naciente, cuyo peso era de 800 Kgs. aproximadamente y que, habiendo sido transportado por Diego Bravo de Rueda en penosa y esforzada travesía con un carromato de tres ruedas, a través de bosques y pastizales del Gran Chaco Gualamba, a su muerte y pese a las airadas protestas de su viuda, fue ilegítimamente cedido por quienes no eran sus dueños, a representantes de la Gran Bretaña, y hasta nuestros días se conservaría en el Museo Real de Londres como preciada pieza por su misterioso origen.

    En el año 1816, el Sargento Mayor de Artillería Don Esteban de Luca a cargo de la Fábrica de Armas del Estado en Mendoza, sometió a pruebas fragmentos del hierro de Campo del Cielo y, si bien lo calificó de "hierro nativo que se desgrana a los golpes del martillo", acabó su informe diciendo, "que se lo puede trabajar directamente a la fragua, y después de batirlo en sucesivas caldas, se pueden hacer de él instrumentos de gran primor".

    Trascendió que con este material se hicieron armas para el Ejército Libertador, y que a tales armas se les atribuyeron poderes especiales por los triunfos que se obtuvieron con ellas aún en condiciones muy desfavorables.

    En 1872, con motivo de realizarse en Córdoba una exposición de carácter internacional, el entonces Presidente de la Nación Don Domingo Faustino Sarmiento había escrito al Gobernador de Santiago del Estero Dr. Taboada, instándolo a estimular la búsqueda de la "ESTRELLA DEL CHACO" a fin de presentarla en la exposición "PARA QUE SE ASOMBREN LOS GRINGOS". A tal fin la Legislatura Santiagueña votó una ley prometiendo un premio de 2.000 pesos fuertes y diez leguas de campo fiscal en propiedad para quien denunciara, sujeto a comprobación, el lugar de la ubicación del legendario macizo de fierro, ley que fue derogada en 1937 luego de que un personaje muy mentado aquellos años por sus experimentos para producir lluvias, por intermedio de su apoderado pretendiera cobrar el premio instituido, denunciando como lugar de ubicación, un punto impreciso situado en el campo de la Sucesión Zuberbuler a 12 Kms. al Sur del antiguo camino que unía Gancedo con el también antiguo Fortín Capdevila o Tanigó.

    En el año 1947, el inquieto cuan empeñoso hombre del Chaco, Don Alfredo Martinent, que tanto aportó a la arqueología regional con sus descubrimientos y estudios de las llamadas "RUINAS DEL KM. 75" y de "LA CANGAYÉ", también se sintió atraído por la aventura de buscar al legendario MESÓN DE FIERRO y, si bien no logró hallar aquella pieza de tan famosa historia, obtuvo algunas piezas menores antes de retirarse de esa búsqueda para dedicarse mas de lleno al estudio de las Ruinas del Km. 75 que, con los trabajos de investigación llevados a cabo por el siempre bien recordado Vicario Capitular del Obispado de Resistencia Monseñor José Alumni, se comprobó que corresponden a la destruida ciudad de Concepción de Nuestra Señora de la Buena Esperanza del Río Bermejo, fundada en 1585 por Alonso de Vera y Aragón (Cara de Perro), tres años antes de que Juan Torres de Vera y Aragón fundara la ciudad de Corrientes. La primera de estas dos ciudades fue acosada hasta destruirla y quemarla, por los indígenas de la colonia/encomienda de Guacará, que se revelaron contra ese sistema de sometimiento y esforzados trabajos.

    Cuando se preparaba el programa espacial de Estados Unidos de Norteamérica (SIC) en el año 1959, la NASA consideró conveniente hacer estudios de los cráteres meteoríticos conocidos en la Tierra, para contar con parámetros comparativos previo al viaje que se suponía factible realizar a la Luna y, con el aporte de varias universidades de aquel país, se comisionó a un selecto grupo de estudiosos para realizar investigaciones del fenómeno de Campo del Cielo, que se suponía de origen meteorítico, pese al informe ambiguo de Don Miguel Rubín de Célis en 1786, y al informe negando tal origen que emitiera en 1924 el Ingeniero Geólogo Juan José Nágera, que fuera comisionado por la Dirección de Geología y Minas de la Nación para que estudiara el origen de esos grandes pozos existentes al Sur de la localidad de Gancedo, concluyendo dicho estudioso en que fueron  hechos por los indios Vilelas para reservorios de agua.

    Los hombres de ciencia estadounidenses comenzaron sus investigaciones por la zona de Los Juries (Santiago del Estero), y hacia el límite con el Chaco; por allí encontraron varios de esos grandes pozos que de inmediato identificaron de origen meteorítico sin lugar a dudas, pero fue el geofísico Dr. William A. Cassidy el que tomó con mayor pasión el estudio del fenómeno en su integridad y le dedicó nueve campañas anuales en las temporadas invernales hasta el año 1970.

    Entre otras muchas comprobaciones, estudiando los túneles de penetración de los meteoritos y aplicando la ciencia balística determinó, que en los casos estudiados de este fenómeno, la orientación de la caída oscilaba cerca de los 60° con relación al eje polar y en dirección Sud Oeste a Nor Este. Otra comprobación, aplicando el método de radiocarbono catorce a maderas encontradas asociadas a los cráteres en las excavaciones de estudio efectuadas, fue que el fenómeno se habría producido hace más de mil años y menos de cinco mil ochocientos años.

    Corrían los años 1968 a 1969 y éramos muchos los lugareños apasionados desde tiempo en este fenómeno de Campo del Cielo, por los vestigios conocidos y por algunas noticias leídas de tanto en tanto, y que seguíamos con interés los pasos del investigador norteamericano, teniendo noticias de que se llevaba a su país los aerolitos encontrados por él y sus colaboradores, o requeridos a los agricultores que los habían hallado arando los campos. La sensibilidad y el amor por las cosas nuestras nos aglutinaron, y así de decidió integrar un movimiento espontáneo y sin formalismos legales, titulándonos "AMIGOS DE AEROLITOS CHAQUEÑOS", y bajo ese rótulo salimos con publicaciones en los diarios protestando el despojo de que se nos hacía de esas piezas de tan misterioso origen, publicaciones que tuvieron la virtud de contactarnos amistosamente con el Dr. William A. Cassidy, y conseguir del entonces Gobernador de la Provincia del Chaco, Coronel Miguel Ángel Basail, la promulgación de un Decreto declarando de interés provincial a los aerolitos, meteoritos, y a cualquier otra pieza arqueológica de valor científico.

    De los estudios generales realizados, el Dr. Cassidy dedujo, según nos lo confió, que el fenómeno fue originado por un asteroide que abría circunvalado la Tierra durante algún tiempo, fue perdiendo altura en una orbitación deteriorante que rozaba la alta atmósfera, con lo que se habría recalentado a elevada temperatura hasta que en un momento explotó cayendo a la superficie fragmentado, produciendo un rociado de hierro al rojo vivo, en gran parte derretido, que habría afectado una gran franja angular en proyección hacia el Nor Este, estimada en cerca de 150 Kms. de largo, en cuya extensión habría quedado modificada la mineralogía del terreno.

    En julio de 1969, año en que los astronautas llegaron a la Luna, el Dr. William A. Cassidy daba por concluidos sus afanes en el estudio del fenómeno de Campo del Cielo y, como ya él dominaba con bastante facilidad un castellano básico avanzado, los Amigos de Aerolitos Chaqueños le pedimos que diera una conferencia pública para informar de sus descubrimientos en los estudios realizados, a lo que accedió gentilmente. La conferencia se realizó en el salón de la Escuela N° 142 de Charata, fue por cierto muy concurrida, y el conferenciante estuvo a la altura de su prestigio, con muy buen uso del idioma y muy bien ilustrados los temas con diapositivas, de las cuales es oportuno recordar las del espectro del estudio mineralógico molecular efectuado a un meteorito de algo más de 3.000 Kgs., llevado primero a Estados UNIDOS DE NORTEAMÉRICA, pero que allí no pudieron cortarlo a la baja velocidad requerida (no más de 700 r.p.m.) y que, trasladado a Colonia (Alemania Federal), los ingenieros alemanes, combinando química con metalurgia, lograron seccionarlo con una sierra de vaivén de 700 movimientos por minuto enfriada y activada por un refrigerante especial y, hecho después el análisis de su composición mineralógica resultó, según lo vimos en la diapositiva exhibida por el Dr. Cassidy, que una gran proporción del espectro consistía en un mineral metálico no conocido en ningún otro cuerpo terrestre.

    Dijo el Dr. Cassidy en su exposición que, por virtud del Decreto que firmara el Gobernador del Chaco, Coronel Don Miguel Ángel Basail, Alemania Federal había denunciado la existencia de la mitad de aquel meteorito que se exhibía como extraordinaria rareza en una exposición de la ciudad de Colonia, y ya de paso se comprometía devolverlo a Argentina; también dijo el Dr. Cassidy que lo propio hizo su país (U.S.A.) con la otra mitad que exhibían en una exposición de New York. No se ha dado a publicidad que esos reintegros se hayan concretado, pero es de estimar que países amigos como son Alemania Federal y Estados Unidos de Norteamérica habrán hecho honor a su compromiso con Argentina y, si aun no hubieran cumplido la prometida devolución de tan magnificas piezas, seguro que lo harían si Argentina con el debido celo los reclama.

    Lo que hasta aquí se ha escrito en este trabajo ha sido tomado de fuentes documentales históricas, de tradiciones conocidas de las culturas pre-hispánicas con cierto halo de misticismo, de trascendidos nutridos en gran parte quizás por la imaginativa popular, de comprobaciones científicas, algunas de amplia difusión y otras no tan publicitadas, y de propias comprobaciones llevadas a cabo en el terreno por los Amigos de Aerolitos Chaqueños hace algo más de una década; pero en el campo de las especulaciones sobre su misticismo y origen, el fenómeno da para mucho más y, aún sin pretender abarcar aquí todo lo que puede especularse en ese campo, el autor de este trabajo ha decidido hacer pública una sospecha que mantuvo reservada durante muchos años, y que en los últimos tiempos ha pasado a ser una obsesión fija.

    Antes de adentrar en la exposición de esas especulaciones y sospechas, sería oportuno hacer referencia a un párrafo del informe que Don Miguel Rubín de Célis elevara a la Sociedad Científica de la Real Academia de Londres en 1876, en donde dijo refiriéndose al "MESÓN DE FIERRO": LA PARTE SUPERIOR QUE ESTABA LIMPIA, SOBRESALÍA DE LA TIERRA COMO COSA DE UN PIE, Y EN ELLAS HABÍA GRABADAS HUELLAS DE PIES Y MANOS DE HOMBRES DE CRECIDA ESTATURA Y DE PÁJAROS GRANDES". Atendamos que dice  "HUELLAS DE PIES Y MANOS" (plural), lo que da a entender que eran por lo menos dos huellas de pies y dos de manos y más de una de pájaros grandes, e inclinaría a descartar que se tratara de rugosidades caprichosas producidas al enfriarse el hierro, pero... !cómo se grabaron esas huellas? Más adelante se describe la hipótesis, discutible por cierto, pero no del todo improbable, que habíamos deducido los Amigos de Aerolitos Chaqueños.

    Se ha mencionado antes que el Dr. Cassidy deducía que este fenómeno de Campo del Cielo tuvo su origen en un asteroide que circunvaló la Tierra por cierto tiempo, entró en órbita deteriorante, se recalentó al rozar la alta atmósfera, hizo explosión y cayó fragmentado a la superficie; y algo antes se dijo que en el estudio de los túneles de penetración de los meteoritos, el científico había determinado que la orientación de la caída, y por ende la de orbitación del asteroide originario, oscilaba alrededor de los 60° respecto al eje de rotación de la Tierra y en proyección Sud Oeste a Nor Este, o sea que, siendo una órbita semi-polar, columbrado el Norte la órbita continuaría por el otro lado del planeta en el mismo ángulo por las latitudes equivalentes, pero de Nor Oeste a Sud Este, y así se lo tendría también por Campo del Cielo 12 horas después, por la natural rotación de la Tierra.

    Será bueno considerar a esta altura, que Judea tiene casi la misma latitud Norte que Campo del Cielo la tiene Sur, y que la longitud allí se anticipa algo más de 6 horas, de modo que un supuesto asteroide que hiciera orbitación rozando la alta atmósfera en las zonas tropicales solamente (órbita ovoide), en Judea se lo vería pasar por el cenit 6,15' horas antes que a la misma altura por Campo del Cielo, pero a la misma hora solar de cada región y en la misma orientación respecto al eje polar y, como el tiempo de orbitación del supuesto asteroide a esa altura sería aproximadamente de 95 minutos, en la noche invernal de Judea debía ser visible unas cinco veces. Idealizando el paso del supuesto asteroide en proyección Sud Oeste a Nor Este en la noche, trataremos de idealizar también cómo y a qué horario solar local se desplazaría por el otro lado del planeta en las zonas también tropicales, y concluiremos seguramente en que tendría que hacerlo en ángulo equivalente de Nor Oeste a Sur Este y con luz solar, de modo que su paso sería imperceptible a simple vista en la superficie terrestre.

    Se han mencionado casi al principio, las memorias de los Incas según la obra de Gracilazo de la Vega, que daban por conocido este fenómeno como acontecimiento pretérito hace alrededor de 1300 años, pero no se ha dicho y es importante mencionarlo, que el Dr. Cassidy nos dijo: "ESTOY CONVENCIDO DE QUE ESTE FENÓMENO SE PRODUJO HACE ALGO MÁS DE 1.800 AÑOS, AUNQUE NO PODRÍA PROBARLO CIENTÍFICAMENTE".

    La humanidad ha venido escribiendo su historia en las distintas culturas, y ha reflejado los hechos sobresalientes acaecidos y vistos en el planeta Tierra desde hace algo más de 5.000 años. El asteroide que según el Dr. Cassidy habría originado el fenómeno de Campo del Cielo con su colapso y caída, según se ha explicado más atrás idealizándolo, tuvo que ser visto en todas las zonas tropicales y subtropicales del planeta con una gran fulguración propia y aún más brillante en el hemisferio Norte, y es de creer que un hecho semejante no pudo omitirse en la historia escrita de todas las culturas que integran la humanidad, y parece no haber escrita otra referencia de una cosa semejante a no ser el relato bíblico de la Estrella de Belén, que apareció con el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, y de lo que no se hace más mención al regresar los Reyes a sus respectivos Reinos de Oriente.

    El autor hubiera comentado todo esto con el Dr. William A. Cassidy, por sus conocimientos del fenómeno y por su capacidad investigativa, pero un hecho casi anecdótico lo disuadió de hacerlo al comprender por ese hecho, que el Dr. Cassidy profesaba un acentuado ateísmo, y teniendo en cuenta las connotaciones con la Fe Cristiana que están implícitas en estas estimaciones y sospechas. El hecho anecdótico fue más o menos así: EL DR. CASSIDY HABÍA EXHIBIDO UN MATERIAL BIBLIOGRÁFICO DEL QUE HUBIERA QUERIDO TOMAR ALGUNOS APUNTES EL AUTOR DE ESTE TRABAJO, Y PARA TAL FIN SE LO PIDIÓ PRESTADO; ÉL SE EXCUSÓ DE NO PODER FACILITARLO PORQUE SE LO HABÍAN CONFIADO CON GRAN RESPONSABILIDAD DE REINTEGRARLO SIN DETERIORO; INTERCEDIÓ UN DE LOS AMIGOS DE CHARATA Y DIJO: "TENGA LA SEGURIDAD DR. CASSIDY, DE QUE EL SR. GARCÉS LO CUIDARÍA TANTO COMO USTED Y SE LO DEVOLVERÍA COMO ESTÁ, PUES ES UN HOMBRE DE BIEN, UN CABALLERO, Y ADEMÁS ES UNA PERSONA DE VIDA PRÁCTICA RELIGIOSA". EL DR. CASSIDY REACCIONÓ COMO APARENTANDO SORPRESA Y, COMO HACIENDO UNA BROMA DIJO: "¡AH CARAMBA! !ASÍ QUE EL SEÑOR GARCÉS ES RELIGIOSO? !Y YO QUE CREÍA QUE ERA UN HOMBRE INTELIGENTE!"

    Sobre las huellas de pies y manos de hombres y de pájaros grandes, comentábamos con el Dr. Cassidy nuestro parecer de que pudieron ser grabadas por un indígena, que habiéndolo tomado el cataclismo en las inmediaciones, al tratar de huir para salvarse instintivamente de la conflagración que lo rodeaba por doquier, acertó a pisar en el hierro aún blando que al quemarlo lo hizo caer y apoyar sus manos, consumiéndose seguramente en el acto, lo mismo ocurriría con ñandúes que, por los que había al venir la civilización puede colegirse que habría muchos en la zona, y así las huellas quedaron grabadas. El  científico descartó la hipótesis razonando que el gran calor que debía irradiar semejante masa férrica casi ígnea, habría imposibilitado que alguien se acercara siquiera, pero hay que considerar que siendo de noche y el ambiente aún sin caldear en los primeros momentos, y el fuego rodeando por doquier, no daban alternativas de dirección al supuesto indígena y ñandúes, y solamente escapaban mientras tenían vida buscando salvación .

    Aunque no es propiamente para la finalidad de este trabajo, en honor del Dr. William A. Cassidy, el autor desea hacer mención a su loable gesto de legar para los argentinos y chaqueños, con sus trabajos de exploración e investigación, tres grandes meteoritos, uno de los cuales está en el salón de actos de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Nor Este en Resistencia, cuyo peso sería de 3.265 Kgs. y su composición en un análisis primario de: 93% hierro; 5% níquel; 2% pirotas y material indefinido. El segundo, que con el anterior fueron extraídos por el propio Dr. Cassidy del cráter "LA PERDIDA" en la zona crítica, pesaría 1.725 Kgs., y estaría en la Dirección de Geología y Minas de Capital Federal. El tercero, llamado "EL CHACO, que fue desenterrado por la Fuerza Aérea Argentina en julio de 1980; se encuentra a la vera de su cráter; que se llamó "DE GÓMEZ", a unos 15/16 Kms. de Gancedo al Sur, su peso es de 37.030 Kgs., y sería segundo en el mundo en tamaño y peso.

    Terminando este trabajo el autor desea llamar a reflexión a los siempre respetables y respetados hombres probos, para que no se escandalicen por la audacia de publicar estos conceptos sin ser autoridad en las ciencias afines; deben comprender que, aunque sin sólida base científica de graduado, hay acumulados muchos conocimientos por la pasión con que se tomaron estas inquietudes, y el amor que como chaqueño se puso en todo lo relacionado con este fenómeno de Campo del Cielo, que es chaqueño y santiagueño por estar en suelo de ambas provincias argentinas, aunque quizás y si resultaran ciertas las sospechas, trascienda para toda la Cristiandad, y en ese sentido podríamos compartirlo aquí con quienes se sintieran atraídos por sus misterios, lo mismo que en al aspecto científico, pues seguramente hay todavía mucho que aprender de este mensaje de los cielos; que quienes ostentan títulos reconozcan que el saber de Dios y la intuición de las criaturas están bien repartidos en la naturaleza, y que lo que correspondería es profundizar en la investigación para desentrañar la verdad, que será seguramente el triunfo de todos y gran mérito y honor para el que mejor lo logre, y por ello es un noble desafío.

Autor: Jesús Garcés Acosta
Presidencia Roque Sáenz Peña (Chaco)
Es copia fiel del artículo original escrito en junio de 1983
 

Mapa proyectado por Ángel Justiniano Carranza en 1883, para servir en la expedición de Coronel Bosh. En el, reúne y compila las rutas seguidas por las expediciones de Ibarra, Rubín de Célis y Jerónimo Castellanos hacia el Mesón de Fierro

 

AGREGADO A PARTIR DE MES DE FEBRERO DEL 2000:

¿TENEMOS EN CAMPO DEL CIELO LOS RESTOS DE LA ESTRELLA DE BELÉN?

    En el relato de antecedentes que se hace en este ensayo literario, se reproducen las palabras del Dr. William A. Cassidy en la conferencia que dictó en Charata, de la cual hay dos ilustraciones fotográficas en dorso de la tapa de este librito, que repetiré en este escrito, al que llamaré un apéndice de la obra. Aquellas palabras fueron más o menos así: "ESTO NO FUE LA SIMPLE CAÍDA DE METEORITOS DIRECTAMENTE DEL COSMOS, ESTO FUE EL OCASO DE UN GRAN ASTEROIDE QUE HABRÍA ORBITADO LA TIERRA POR UN TIEMPO, CUYA DURACIÓN NO SE PUEDE PRECISAR, PERO SÍ PUEDO DECIR QUE, POR LA GRAN VELOCIDAD INICIAL DESCRIBÍA UNA ÓRBITA MUY OVOIDE QUE SE ALEJABA MUCHO EN LAS ZONAS SEMI-POLARES Y SE ACERCABA TANTO EN LAS ZONAS TROPICALES QUE HABRÁ ROZADO LA IONOSFERA, LO QUE SEGURAMENTE, LO CALENTARÍA TANTO QUE FULGURARÍA INTENSAMENTE. LA PERSPECTIVA DIRECCIONAL EN EL ÚLTIMO GIRO CUANDO CAYÓ, FUE DE SUD-OESTE A NOR-ESTE EN UN ÁNGULO APROXIMADO A LOS 60 GRADOS CON RELACIÓN A LOS MERIDIANOS Y AL EJE DE ROTACIÓN DE LA TIERRA".

    En mi imaginación, tal explicación despertó la sospecha de que el fenómeno de Campo del Cielo pudiera tener relación con el hecho bíblico de la Estrella de Belén, y al término de su conferencia le hice algunas preguntas al Dr. Cassidy para reforzar la consideración de esa posibilidad. Después, haciendo mis propios cálculos y análisis de asunto, comprobé la casi coincidencia de latitudes, aunque opuestas, entre Judea y Campo del Cielo, y también en la línea de orbitación en ángulo de 60° S.O. a N.E., habría de unir ambos puntos geográficos en un mismo giro. Hice aún otros cálculos: Se sabe que hasta determinada altura, para que un cuerpo gire en órbita terrestre debe mantener la velocidad de 29.500 Kms./hora, luego que demoraría 95 a 96 minutos para cada giro y, si se lo vio por primera vez en Judea sobre la hora 1,30' de la medianoche, es posible que se lo viera pasar cinco veces en una misma noche para un observador colocado en el Trópico de Cáncer (Norte), que lo vería pasar siempre en la misma dirección, o sea más o menos como en el relato bíblico de los tres reyes de Oriente. Pero... y, ¿cómo volvería por el otro lado de la Tierra? ¿y también 12 horas después por el mismo lugar?: Hice mis cálculos y encontré que el paso sería de Nor-Oeste a Sud-Este en un ángulo más o menos equivalente.

    Aún considerando todo esto, yo tenía mis dudas de que la fuerza de gravedad de la Tierra pudiera vencer la inercia de la trayectoria de un asteroide, que sabemos se desplazan en el Cosmos a velocidades superiores a los cuarenta mil (40.000) Kms./hora, pero me allanaba a la ciencia de un investigador y científico del rango del Dr. William A. Cassidy.

    Quiso la fortuna que un amigo de General Pinedo, con domicilio alternativo en Córdoba, me hiciera llegar unos recortes de LA VOZ DEL INTERIOR de principios de 1992; donde se informaba de otro fenómeno, también de origen cósmico, producido al Norte de Río Cuarto, que fue investigado durante 4 campañas anuales por el científico de U.S.A., Peter Schultz, que lo dató en 2.000 años, y que sería la colisión de "rafa" de un enorme asteroide en la misma línea direccional de S.O. a N.E. o a la inversa según su estimación.

    Yo hago la siguiente interpretación de las evidencias reunidas: El asteroide que produjo el cataclismo de Río Cuarto debió ser muy grande dadas las medidas de la especie de zanjón que dejó su impacto de "rafa": 4 Kms. de largo por 1 Km. de ancho. Tamaño roce con la Tierra habrá disminuido su altísima velocidad que, entonces sí se redujo a la necesaria para entrar en orbitación alrededor de la Tierra. Pero hay algo más: Dentro de la misma estancia LA AGUSTINA (SIC) de Juan Fagiano, hay otros tres vestigios de impactos de otros tantos asteroides menores, quizás desprendimientos del mayor, que continuaron junto a él su viaje cósmico y que, después del roce continuaron acompañándolo, con lo cual aumentaría notablemente la luminosidad en la perspectiva del vacío espacial.

    En mi investigación atendí también a otras consideraciones que idealicé y quiero comentar: La dirección de S.O. a N.E. en que se vería pasar la Estrella en el Trópico Norte, apuntaba desde el mundo conocido como civilizado al comienzo de nuestra Era Cristiana, y se dirigía hacia Judea. Fue para los Reyes de Oriente la señal de que había nacido el Salvador Prometido en las Escrituras, y debe considerarse una maravilla que no pudieran verlo en la otra dirección, ya que su brillo más intenso tenía que ser en el Trópico Norte columbrado el Ecuador en su paso de S.O. a N.E. También brillaría intensamente al volver de N.O. a S.E. al llegar sobre el Trópico de Capricornio (Sur), pero el brillo del Sol impediría el verlo.

Agregado del mismo autor Jesús Garcés Acosta